15 días en la vida

Van 15 días de viaje.

15 días recorriendo el país que me vio nacer. Cumpliendo el sueño de explorar sus rincones conocidos y los no tanto.

Arrancamos el viaje en la conocida Córdoba.

Mates de por medio, recorrimos sus rutas, entre sierras, ríos secos  y piedras grandes de color  gris.

Comimos a orillas del río en Santa Rosa de Calamuchita y le dimos el primer uso a las bicis.

 

Pasando el día en Santa Rosa de Calamuchita

 

Caminamos por las calles de Villa General Belgrano. A la que siempre quiero volver y recuerdo con cariño. Donde hace dos años pasamos una de las mas divertidas Fiestas de las Cerveza, pero sin tomar cerveza porque no nos gusta. Si, el colmo, pero cada loco con su tema.

Desde la primera vez que la vi, me enamoré de sus calles, de sus construcciones con aires alemanes, de la gente con ese acento caraterístio, que es tan amable, de las flores de colores que parece que crecen en cualquier época del año desafiando el clima y de la música que parece estar en el aire. Flotando y musializando cada momento.

Una tarde nos sentamos  a tomar mates y ver quien pasa por el centro.

 

Pozo Verde, un rincón escondido en Villa General Belgrano.

 

Caminamos por el Pueblo Peatonal: la Cumbrecita, con un frío que calaba los huesos y con una tormenta que amenazaba pero no fue mas que una llovizna finita y fría.

Antes de irnos, nos visitó un zorrito que nos quería robar las galletitas que se habían caído. A la vuelta vimos uno de los cielos mas lindos en este viaje.

Parada técnica a almorzar

Pasamos unos días en Capilla del Monte, donde nos quedamos con ganas de escalar el Uritorco, pero conocimos uno de los lugares mas increíbles que hemos visto.

Después de sufrir 28 km por un camino de ripio intransitable, llegamos a las poco conocidas Cuevas de Ongamira.

Un lugar impresionante, solo para nosotros, que pudimos recorrer y disfrutar a nuestro antojo.

Impresionantes las Cuevas de Ongamira

Tomamos mates en el Cerro el Zapato y le dimos el segundo uso oficial a las bicis, yendo hasta el Dique por un camino genial al costado del cerro, con el viento que me enrredaba el pelo y el sol que me pegaba en la cara, con corrida de perro incluida.

La Vida en la combi

Nos despedimos de Córdoba para visitar el Parque Nacional Talampaya.

Uno de los pendientes de mi amada Argentina, uno de los puntos importantes de este viaje.

Este lugar nos dejó con un sabor agridulce. Pero mas agrio que dulce.

Nos enteramos ahí que no hay forma de recorrer el  parque a menos que sea en excursión. Las cuales no bajan de $650, a lo que hay que sumarle la entrada al parque de $140.

Nos subimos a una combi, cual ganado  y nos llevaron a los lugares que parece que hay que ver y fotografiar. La guía repetía la información como una grabación y nosotros debíamos, escuchar, bajar, sacar fotos y subir. Casi corriendo, sin tiempo de disfrutar del lugar.

Gastamos $1800 para quedar desconformes. La belleza e imponencia del lugar quedo un poco opacada por la mala experiencia.

Talampaya y su color…

A nosotros nos gusta caminar los lugares, fotografiarlos hasta que me canse, mirar, quedarme en silencio, descubrirlos. Nada de eso pasó. Así que nos fuimos un poco tristes.

Con poco gasoil llegamos a Valle Fertil, donde encontramos gente muy linda.

Nos hicieron sentir bienvenidos, nos invitaron a bailar folklore y nos regalaron dulces regionales que todavía nos acompañan en el desayuno (queda poco).

Después de pensar y repensar si ir o no a Ischigualasto, decidimos ir. Ya estábamos ahí. Y cuando llamé por teléfono para averiguar, el tono en que me hablaba el guía y su voz diciendo “Vengan despacio que hay muchos animalitos por la ruta” me conveció.

Allá fuimos. ¡Y que bueno que fuimos!

Ishigualasto es uno de los lugares más impresionantes y raros que conocimos.

Poder recorrerlo en nuestra combi, llenándonos los ojos de paisajes (y de tierra también) fue una experiencia inolvidable.

Felices en Ischigualasto

Un lugar que sin dudas recomiendo. El guía nos explicó, nos dio tiempo para sacar fotos, para recorrer y mirar.

Conocimos gente que se hizo amiga de la combi, si hasta le sacaron fotos!

Nos fuimos tan contentos con la visita que salimos para otro lado e hicimos como 40 km de más.

Pero ni nos importó, porque vimos uno de los atardeceres más impresionantes del viaje.

Uno de los atardeceres mas lindos reflejados en el vidrio de la combi

Otro día más en Valle Fertil, pero el calor nos sacó corriendo.

Seguimos viaje hasta Mendoza. Empezamos con los problemas con la combi.

Prendió una luz en el motor que nos trajo cortando clavos hasta mitad de camino, donde se solucionó casi por arte de magia.

En Mendoza paramos a visitar al padrino de Rodrigo que hacía 2 años que no veía y comimos unas empanadas memorables.

Seguimos viaje hasta Uspallata y otra vez  la luz del motor. De nuevo cortando clavos, con miedo de quedarnos en el medio de la cordillera, sin señal y de noche.

Mucha ansiedad  y estrés después llegamos a destino. Unas horas en la YPF pasando frío  y no pudimos solucionarlo.

Pero conocíamos a un veterano de Malvinas que nos convidó unos mates y nos regaló un pin. Fue súper emotivo porque nosotros sentimos gran admiración por esos héroes silenciosos y conocer a uno en persona fue un regalo para nosotros.

Al otro día, un mecánico que parecía atendernos de mala gana, nos solucionó el problema.

Para probar la combi nos fuimos a recorrer el camino que nos lleva hasta el límite con el país vecino Chile.

La ruta serpentea entre montañas imponentes, que de a poco empiezan a pintarse de blanco, la temperatura iba bajando conforme nos acercábamos  a la cordillera.

No nos daban los ojos para grabar semejante paisaje, donde nos sentíamos ínfimos.

Nuestra primer parada fue el Puente del Inca, aunque con nieve es encantador, sin nieve igual es hermoso. El viento me enredaba los pelos y nos sacaba las capuchas.

Con miedo a que se nos vuele el trípode, sacamos unas fotos y seguimos viaje.

Segunda parada: el Aconcagua. Un sueño hecho realidad.

Pensé que lo íbamos a ver desde la ruta, pero este año la nevada fue poca, así que pudimos entrar al parque y caminar.

¡Que lugar maravilloso! Magia estar ahí, entre esos gigantes cubiertos de nieve.

Entrando al Parque Aconcagua

El Aconcagua me hipnotizó, no podía dejar de mirarlo, de sacarle fotos que no le hacían justicia ni un poco. Quería quedarme ahí, detener el tiempo y grabarme la imagen para siempre en la memoria.

Nunca estuve tan cerca del Aconcagua como ese día.

Fue un camino maravilloso que nos llevó cerca de dos horas, donde nos encontramos con unas aves carroñeras que nos sobrevolaban la cabeza, vimos una laguna que parecía pintada, nos divertimos tirándonos bolas de nieve y nos maravillamos de lo increíble y perfecta que es la naturaleza.

El Aconcagua: imponente…

Después de la caminata nos refugiamos en la combi, cocinamos una tortilla que terminó siendo omelete y seguimos viaje hasta los túneles.

Cruzamos los túneles y estuvimos bien cerquita de Chile.

Hacía muchísimo frío y el sol de la tarde ya nos estaba pasando factura. Nos habíamos olvidado los anteojos de sol y a Rodrigo le dolía la cabeza.

Pegamos la vuelta y llegamos de noche a Uspallata a dormir en la YPF.

Las YPF se han convertido en nuestro segundo hogar. Estacionamos la combi y tenemos agua, baños, luz, seguridad, wifi y siempre, hasta hora, fuimos bienvenidos.

La YPF nuestro segundo hogar

Tercer día en Uspallata, agarramos las bicis y el mate, desayunamos cerca del centro, dando pancitos a los perritos que pasaban.

Conocimos el Cerro Tunduqueral donde pudimos ver algunas pinturas rupestres (algunas arruinadas por la estupidez humana) y Las Bóvedas.

Con unos buenos mates nos despedimos de este pueblito perdido entre la cordillera.

Así llegamos a San Rafael, que nos sorprendió por su tamaño. Una ciudad enorme, muy limpia y ordenada.

Como no nos gustan muchos las ciudades, nos fuimos a Valle Grande. Pasamos la tarde cocinando al lado del río, primera vez que se nos cayó toda la comida al piso, pero la recuperamos.

Cocinando al lado del Río Atuel

Nos divertimos haciendo rafting, nos reímos como niños y después nos divertimos viendo pasar a los que hacían rafting.

Lo que nos divertimos haciendo rafting!

Nos encontró la noche al lado del río Atuel y ahí nos quedamos, fogón de por medio, a dormir con el sonido del agua y al pie de los cerros.

Así pasó la primer noche de la combi en la naturaleza.

La Combi durmiendo al lado del río

Recorrimos el Cañón del Atuel, a nuestro ritmo, por caminos de ripio, lleno de curvas, contracurvas, subidas y bajadas. Buscamos formas que no encontramos en las piedras, sacamos fotos que como siempre no hacen justicia, nos maravillamos con el paisaje y nos congelamos con las bajas temperaturas.

Recorriendo el Cañón del Atuel

Otra vez problemas con la combi, una pérdida de gasoil que se solucionó después de un día varados en San Rafael por las rutas cortadas, mecánico y discusión de por medio y cien pesos.

Llegamos a Malargue, pensando si era chica o era grande y al final no pudimos decidirlo, aunque nos quedamos tres días por ahí.

Recorriendo Malargue en bici

Hicimos una visita al hospital, después de inhalar monóxido de carbono, que terminó con dos horitas en la guardia respirando oxígeno.

Nos quedamos con ganas de las Cuevas de las Brujas después del incidente y seguimos camino. Neuquén nos esperaba.

 

 

 

 

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