Ascenso al Refugio Frey

Hace unos días que quiero escribir, y no me salen las palabras.

En mi cabeza da vueltas la frase “Viajar, primero te deja sin palabras y después te convierte en escritor”. Yo estaría en la parte que me deja sin palabras.

Dudo que llegue a la parte que me convierta en escritora. Aunque me gustaría.

Cuando era chica, 10 u 11 años, soñaba con ser escritora. Escribía cuentos, novelas, y hasta gané varios concursos literarios en mi pueblo.

Después dejé de escribir. Y ahora quiero retomar.

Pero me cuesta, es como que no puedo expresar en palabras, por ejemplo, la emoción que sentí cuando llegué al Refugio Frey. Vamos a hacer el intento.

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Había visto pocas fotos del Refugio Frey, en realidad creo que dos. Y no quise buscar más, porque quería verlo con mis propios ojos.

Había leído la frase “Refugio Frey, al filo de la montaña” y me resultaba más que tentadora.

10 km caminando, entre bosque, montaña, picos nevados y nieve era más de lo que podía soñar.

El segundo día en Bariloche le comenté a Rodrigo (como quien no quiere la cosa), que podíamos ir a un Refugio de Montaña.

El no es tan fan de los trekkings como yo, pero es lo más compañero que existe. Así que ni lo dudó.

El tercer día, a las 9 de la mañana estábamos comprando provisiones para llevar y a las 9:15 estábamos estacionando al pie del Cerro Catedral. El inicio de la travesía.

El camino empezó traquilo, la primer hora caminamos rodeando una montaña, con vista panorámica al lago y a la ciudad de Bariloche. El sendero iba, literalmente, al filo de la montaña.

Arrancando la que iba a ser una de las travesías mas emocionantes de nuestras vidas

Comenzamos pisando la escarcha de la mañana, pasamos por pequeñas cascadas, cruzamos arroyos saltando piedras y sacamos un par de fotos.

Cuando quisimos acordar, ya estábamos bordeando la segunda montaña, habíamos dejado de ver la ciudad, pero seguíamos viendo el lago. Empezamos a ver nieve al costado del camino. No sentíamos frío, pero claramente hacía.

Caminamos solos un montón de tiempo, cruzamos unos pocos valientes. Algunos con mochilas enormes, que dedujimos, iban a pasar la noche en el refugio y otros, con carga mas liviana como nosotros.

El camino al filo de la montaña, empezó a adentrarse en el bosque. Seguimos en compañía de la nieve, pero ahora además veíamos y escuchábamos el río.

Árboles altísimos y pelados nos flaqueaban a los costados. Por allá vimos un cartel: refugio Frey: 2 horas.

Camino al Refugio Frey
Al filo de la montaña, literal.

Después de unas subidas bastantes duras, de escalar entre las piedras, de resbalarnos con nieve y reírnos (no tanto), el camino nos llevó a la cima de la montaña.

Y ahí pudimos ver los picos nevados, que estaban casi al alcance de nuestras manos. Tenía la sensación que si estiraba la manos, las podía tocar. Quería gritar de la emoción, pero ya estábamos muy cansados. Así que me conformé con mirarlas sonriente.

Nunca en mi vida había visto las cimas nevadas tan cerca.  No podía dejar de observarlas, les quería sacar fotos que retrataran esa maravilla, pero como siempre, no le hacían justicia.

Cuando la felicidad no te entra en el cuerpo

Tan imponentes, tan blancas. El silencio era aplastante. Se sentían solo nuestros pasos y nuestra respiración. Nubecitas de vapor cuando respirábamos.

El camino se fue llenando cada vez mas de nieve, hasta que de un momento otro, caminábamos arriba de ella.

Otro cartel que nos decía que estábamos a un kilómetro del Refugio ¡Que emoción!

El camino, tapado de nieve
A 1 km del Refugio.

Yo caminaba casi todo el tiempo mirando para arriba, las cumbres estaban tan cerca que no lo podía creer. Quería guardar ese paisaje para siempre en mi cabeza, porque las fotos no le hacían justicia. Quería detener ese momento. No podía creer estar en ese lugar.

Por allá a lo lejos, bien chiquito vimos el Refugio y divisamos el camino que nos faltaba.

Todo blanco. Todo nieve. No había sendero. Un desierto blanco. Un paisaje increíble que nunca había visto en mi vida.

Uno de los momentos mas emocionantes del camino

Había que caminar por la nieve, intentando no hundirse hasta las rodillas ( o más).

El cielo se despejó, salió el sol y adivinen quien se había olvidado las gafas? Si, nosotros, otra vez.

El reflejo te mataba, pero yo quería ver todo eso. Así que era un dilema, ver ese paisaje y quemarme los ojos o no ver nada.

Me acordé de la película Everest, la vieron? Si la vieron, se imaginan de que hablo. Y también me acordé del escritor que se queda ciego por el reflejo del sol en la nieve. Ideal momento para acordarse de eso.

Así que ahí íbamos, con los ojos entrecerrados, patinando, hundiéndonos de ves en cuando, cansados, contentos, riéndonos cuando uno de nosotros se patinaba, agitados, subiendo de a poco.

El reflejo del Sol era tan fuerte que teníamos la cara coloradísima, yo la sentía un fuego.

Rodrigo llegó primero, yo me atrasé mirando el paisaje y además, la emoción no me dejaba avanzar rápido.

Pocas veces me emocioné al conocer un lugar, y esta fue una de ellas.

Que inmensidad, me acuerdo y me emociono de nuevo! (Calmate Chini)

El Refugio, un chcolate caliente y Rodrigo. ¿Qué mas se puede pedir?

Pero que ínfimos somos. Y a veces nos creemos importantes. No somos nada ante tanta naturaleza. Tanta maravilla.

Y por momentos como ese es por que viajo.

Pero es difícil ponerlo en palabras. Si digo “Viajo para conocer lugares” no es lo que quiero decir en realidad. Viajo por esas emociones, por esas experiencias, que me llenan la vida, me hacen sentir viva, para maravillarme con la naturaleza.

Pocas veces me emocioné tanto como cuando llegué al Refugio Frey.

 

Datos útiles:

  • El camino son 10 kilómetros (solo ida), se torna pesado por momentos, con muchas subidas y escaladas. Pero también tiene partes planas, donde podés recobrar el aliento.
  • Para hacerlo en el día, como nosotros, es conveniente salir temprano (tipo 9 am)
  • Se puede pernoctar en el Refugio o llevar carpa y dormir en la cima. No lo recomiendo en invierno. Nosotros fuimos en Octubre y hacía mucho frío.
  • Los precios en el Refugio son accesibles, nosotros tomamos chocolates por $60 cada uno.
  • Llevar: ropa cómoda, provisiones, protector solar, anteojos de sol, gorra, raquetas para cuando hay nieve, calzado cómodo.
  • El auto se puede dejar estacionado en el estacionamiento del Cerro Catedral, es gratis!
  • Para dormir en el Refugio Frey hay que registrarse previamente (se puede hacer por Internet).

¡Recomiendo que vayan! Si bien fue uno de los caminos más difíciles que hicimos, vale totalmente la pena. El contacto con la naturaleza es algo único, que no se puede describir con palabras. Hay que ir, ver, sentir y estar ahí.

El Refugio por dentro.
Hermosísimo y acogedor
Nuestros pies al final de la travesía. 20 km.

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