La magia del camino en Calafate

La verdad es que fuimos al Calafate sin más expectativas que conocer el Glaciar y hoy nos vamos llenos de experiencias nuevas y con el corazón contento.

Llegamos casi de noche, después de travesar 200 km de curvas, contracurvas, subidas y bajadas por una ruta desértica.

Cuando llegamos a la ciudad no nos pareció gran cosa, si nos pareció súper turística. Estacionamos frente al Casino y fuimos a comprar unas papas al bar del frente, así Rodrigo podía ver el partido de Boca.

Ya nos sorprendimos gratamente con los precios, la porción de papas fritas con queso y una gaseosa, nos salió 120 pesos. Lo que nos pareció bien.

Al día siguiente nos encontramos con un amigo que trabaja en Lago Roca, Nico, a quien le llevamos unos colchones inflables en la combi que nos había mandado su mamá.

En agradecimiento, el nos regaló las entradas al Parque Nacional Los Glaciares. Nos fuimos mas que contentos.

Después de recorrer 90 km, llegamos al parque, recorrimos 3 km mas, que se hicieron interminables hasta el estacionamiento y finalmente conocimos el Glaciar Perito Moreno.

Ansiosos por llegar al Glaciar

Es difícil describir la sensación de soñar tantas veces y tanto tiempo con conocer un lugar y de repente estar ahí. Una  mezcla de incredulidad, alegría, emoción, sorpresa, no se describirlo bien. Pero todo eso sentíamos.

Caminamos todo el día por las pasarelas, viendo el glaciar de distintos ángulos, sacándole mi fotos que no le hacen justicia y maravillándonos con su tamaño.

Fotos que no le hacen justicia
Maravilla de la naturaleza

Uno no es consciente de que el Glaciar mide 70 metros de alto hasta que ve un barco pasando cerca y el barco parece de juguete.

Es ENORME y majestuoso. Se le ven vetas color turquesa, te  hipnotiza. Es difícil dejar de mirarlo.

Tipo  4 de la tarde empezó a nublarse  y a hacer frío. Tipo 5 empezó a lloviznar, así que emprendimos la retirada. Nos encontramos con dos zorritos al lado de la combi  buscando restos de comida. ¡Son tan lindos!

Hasta la próxima Glaciar!

Preparamos el mate y volvimos a la ciudad.

Nos estacionamos en el centro y descansamos en la combi hasta el otro día.


Al otro día, después de desayunar en la plaza, caminamos por el centro y como no había mucho mas para hacer, a menos que pagues un mínimo de dos mil pesos, decidimos seguir viaje.

Fuimos a cargar nafta y un hombre se nos acercó a preguntarnos del viaje, era Timo, de Río Gallegos, que antes de darnos cuenta nos estaba regalando dos vuelos en parapente.

Cambio de planes, nos quedamos en Calafate.

Ese mismo día y sin poderlo creer, estábamos encontrándonos con Timo. Primero se tiró Rodrigo. Dijo que fue una experiencia increíble, difícil de contar la vista y la sensación que se tiene.

Volando en el Calafate
Gracias Timo por semejante experiencia!

Como ya era tarde, mi vuelo quedó para el otro día, pero como amaneció con viento y tormenta, finalmente yo no pude volar.

Ese día cocinamos canelones, y cuando nos íbamos, la combi no quiso arrancar.

Llamamos a Renzo, nuestro mecánico, y nos dijo un par de pruebas para hacerle a la combi. Rodrigo se metió debajo de la combi y después de un rato y bastante grasa en la ropa, logró que la combi arrancara.

Ya nos íbamos, cuando paró una combi igual a la nuestra al lado. Eran Mari y Jorge, dos viajeros jubilados que andaban recorriendo la Patagonia.

Nos pusimos a charlar y nos invitaron a tomar unas cervezas.

Aceptamos encantados y pasamos unas horas sentados en un bar del centro, meta charla, nachos, tragos y cervezas artesanales. Unos genios los dos. Esperamos volver a cruzarnos en el camino.

Mari y Jorge

Nuestros nuevos amigos se fueron a probar suerte al casino y nosotros con la energía renovada, nos fuimos a la combi a cambiarnos, nos pusimos los trajes de folklore, tomamos coraje y salimos a bailar a la gorra.

Encontramos un lugar que nos pareció bien, los dos llenos de nervios, cuando colocamos el equipo en el piso, un auto se estacionó en doble fila para vernos. Así que no tuvimos tiempo ni de pensar, cuando quisimos acordar ya estábamos bailando.

Empezaron a llegar las primeras colaboraciones y en un rato el sombrero se lleno de billetes.

Nosotros no lo podíamos creer, del bar de al lado nos trajeron agua y dos copas. Imaginensé nuestra emoción ante tan buen recibimiento.

Después de dos horas nos fuimos, ansiosos a contar el dinero a la combi y nos quedamos mas que satisfechos.

Cambio de planes de nuevo.

Aprovechando que era fin de semana, al día siguiente también fuimos a bailar y nos fue igual de bien que el sábado.

También aprovechamos el domingo para pasear por la ciudad, limpiar la combi y comer rico.

Al final nos pensábamos quedar 1 día en el Calafate y nos quedamos  4! La magia del camino se hizo presente.

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